Historia de Rumanía

Historia de Rumania

Los antiguos pobladores de la región que actualmente ocupa Rumanía eran los dacios y los getas, dos de las numerosas tribus en que estaban divididos los llamados tracios. Los tracios ocupaban un extenso territorio que abarcó la parte oriental de la Península Balcánica, ambas márgenes del Danubio y territorios de Asia Menor, una gran región que incluía partes de las actuales Grecia, Turquía y Bulgaria.

En la antigüedad, el historiador Herodoto calificó a los tracios como el segundo pueblo más numeroso, sólo superado por los hindúes, aunque debido a que no poseían una unidad como nación, fueron asimilados o conquistados a la fuerza poco a poco y por diferentes enemigos. Moesios, medos y besos fueron otras tribus pertenecientes a este gran grupo.

El territorio de estas dos tribus, dacios y getas, se extendía por gran parte de la actual Rumanía, así como territorio a orillas del Mar Negro y las orillas norte y sur del río Danubio. La primera referencia histórica que se tiene de ellos es durante la Guerra de Troya, en la que Reso, un monarca de los dacios, acude al combate, pero resulta asesinado mientras duerme, junto con sus compañeros de armas. Los dacios no fueron simples bárbaros, sino que su cultura poseía un nivel muy superior a las vistas hasta entonces, según la arqueología moderna, salvo en el caso de Roma y Grecia.

En el año 101 y durante el reinado del más celebrado de los reyes dacios, Decébalo, el emperador Trajano emprendió la conquista de la Dacia, debido a las continuas incursiones de éste y su aliado Domiciano en tierras controladas por Roma. Aunque también hubo motivaciones económicas, ya que los dacios poseían grandes producciones de sal y yacimientos de oro. La tarea de Trajano culminó en el año 106 con la conquista su capital Sarmizegetusa y la derrota definitiva de Decébalo.

También hay que decir que los romanos sólo conquistaron una quinta parte del territorio que hoy abarca Rumanía,  y que en las partes no romanizadas se produjeron durante siglos incursiones de numerosos pueblos con ansias de conquista, como fue el caso de los godos en el siglo III, y posteriormente los búlgaros, los temibles hunos, y los eslavos entre otros. La constante campaña expansionista de Hungría durante el siglo XIII obligó a miles de personas a establecerse en las regiones al sur y al este de los Cárpatos, dando lugar al nacimiento de los Principados de Valaquia y Moldavia.

Cuando lo otomanos vencen a los húngaros en 1526, los principados permanecieron bajo el yugo de los turcos durante siguientes tres siglos, y fue un príncipe llamado Miguel de Valaquia quien opuso resistencia a los turcos con mayor éxito. Consiguió recuperar Transilvania y Moldavia en el año 1600, aunque no tardó en ser asesinado, por lo que los otomanos pudieron tomar el control de los principados, además de imponer durísimas restricciones en cuanto a la política. Esta situación terminó por obligar a los rumanos a pedir ayuda al “gigante ruso”.

Rusia obligó a los turcos a suavizar las condiciones en los principados de Moldavia y Valaquia, aunque esta situación de protectorado fue desapareciendo poco a poco, y más aun cuando se produjo la independencia de Grecia en 1821, país al que Rusia también prestaba apoyo. Con la derrota sufrida por los rusos en Crimea, finalmente Rumanía se quedó sin su apoyo, volviendo una parte de Besarabia a estar bajo el control moldavo.

Valaquia y Moldavia volvieron a unificarse con la llegada de Alexander Cuza, que fue nombrado como príncipe de ambos, y su unión en 1861 creó el Principado Autónomo de Rumanía, y que contó con el beneplácito del sultán en Turquía. La ciudad elegida para crear las sedes de la cámara legislativa y la del ministerio fue Bucarest. Alexander Cuza abdicó y para sustituirle se recurrió a traer a un príncipe no nativo, y el elegido fue Carol de Hohenzollern-Sigmaringen, que posteriormente se convertiría en el primer monarca de Rumanía. En el año 1881, con la firma del Tratado de Berlín, Rumanía consigue finalmente su independencia.

Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, Carol decidió declarar la neutralidad de Rumanía, aunque no vivió para ver el final de la guerra, ya que falleció en 1914, siendo sucedido por Fernando, su nieto. La neutralidad de Rumanía terminó en 1916, cuando sus tropas entraron en la Transilvania húngara en un intento de recuperar sus antiguas provincias, pero no sólo fueron rechazados, sino que desencadenaron su invasión por parte de alemanes, búlgaros y austro-húngaros. En apenas medio año, la mayor parte de Rumanía había sido ocupada.

Cuando los aliados vencieron en 1918, Rumanía volvió a ocupar la región transilvana además de otros territorios que históricamente le pertenecían. Cuando terminó la guerra y se firmaron las condiciones, Rumanía contaba con una extensión que doblaba sus posesiones antes del conflicto. Tanto Besarabia como Transilvania volvieron a ser rumanas, así como gran parte de Bucovina, y con todo ello se creó la llamada Gran Rumanía, aunque su duración fue de apenas dos décadas.

Los años que siguieron a la guerra estuvieron marcados por una gran tensión política entre el Partido Liberal, cuyo autoritario gobierno no hacía nada por el campesinado, y el Partido Nacional Campesino, que mediante petición oficial, lograron el regreso del heredero legítimo de la corona, que fue coronado en 1930 bajo el nombre de Carol II. La crisis económica, las limitaciones políticas en cuanto a la democracia y un creciente fascismo encabezado por la “Guardia de Hierro” fueron la tónica durante más de una década.

En el año 1940, Rusia reclamó la devolución de Besarabia y del norte de Bucovina, al tiempo que los alemanes les daban a los búlgaros el control de Dobruja y a los Húngaros de Transilvania. Debido a la incapacidad de Carol II para evitar esta disgregación territorial, su descrédito le obligó a abdicar en la persona de Miguel I. También en ese año, Ion Antonescu mediante un golpe de estado se hizo con el poder, con la intención de recuperar los territorios perdidos y también de terminar con el movimiento fascista de la Guardia de Hierro.

Rumanía se puso del lado de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, aunque la derrota de los nazis en Stalingrado en 1943, dejó a los rumanos en una muy mala situación política. En 1944, Antonescu es derrocado y Miguel I vuelve a ocupar el puesto de rey soberano, aunque sólo 3 años después es obligado a dejar la corona. El 31 de Diciembre de 1947 nace la República Popular de Rumanía.

Uno de los episodios más terribles en la historia reciente de Rumanía fue la del mandato de Nicolae Ceausescu, que en sus primeros años de gobierno se mantuvo a favor de la soberanía del pueblo y obtuvo un gran apoyo popular, además de no estar a favor de las intervenciones extranjeras. Esta política no le impidió mantener buenas relaciones con otros países, sobre todo con Alemania. El progresivo deterioro de la economía, que seguía las mismas pautas en los países comunistas, comenzó a mostrar un deterioro cada vez mayor, lo que llevó a un progresivo empobrecimiento del país.

En la década de los 80 la situación era tal que ya escaseaban la mayoría de recursos, así que se buscó una solución política para evitar la creciente deuda externa, y sus primeras consecuencias fueron el racionamiento de los alimentos de primera necesidad, así como del agua y la electricidad. Cuando la situación se tornó insostenible en 1989, estalló la Revolución Rumana en la ciuda de Timisoara, y después se extendió hasta la capital y muchas otras ciudades, y que terminó con el régimen de Ceausescu en la navidad de ese mismo año.

La transición económica de Rumanía fue especialmente difícil, pasando de una economía totalmente controlada por el estado a una de libre mercado, todo ello junto con una gran cantidad de rumanos que se vieron obligados a emigrar, sobre todo los jóvenes, ralentizando aun más su recuperación. Las primeras elecciones democráticas celebradas e Rumanía tuvieron lugar en 1990, y el elegido para la ocasión fue Ion Eliescu, que fue reelegido para su siguiente mandato por otros 4 años.

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