El Teatro Bolshoi de Moscú

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Más allá de su carrera armamentista, de su largo período comunista o de sus incursiones en el espacio, Rusia ha sabido como difundir la cultura y quizá uno de los edificios que mejor dejan entrever la importancia que el país otorga a las artes y al entretenimiento es el famoso Teatro Bolshoi de Moscú.

Este teatro es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad también el sitio elegido por las compañías más reconocidas del mundo entero para desplegar sus espectáculos de ballet y sus óperas. A su vez es la sede natural de la Compañía de Ballet del Bolshoi, una de las más importantes del mundo y el lugar en el que nacieron y crecieron grandes talentos como Mijaíl Baryshnikov o Maia Plisteskaya.

La grandilocuencia de este teatro puede advertirse no sólo en su fachada cubierta de gruesas columnas de piedra sino en el mismo nombre del teatro pues “Bolshoi” significa “grande” en ruso. Este teatro no sólo es monumental en su aspecto físico, sino que carga con una antigua historia cuyo embrión se gestó en 1773 cuando la emperatriz Catalina II de Rusia le concedió al príncipe Piotr Urúsov la administración de las representaciones teatrales de Moscú y nació una pequeña compañía conformada por 13 personas que ensayaba en un orfanato de Moscú.

Cuatro años más tarde el grupo se traslada a un teatro sobre la calle Petrovka que por entonces inauguró su primera sala. El ballet permaneció allí durante décadas hasta que años más tarde inauguró la soberbia sala del Bolshoi, que fue diseñada por Andréi Mijailov. Allí actuó el coreógrafo y bailarín Adam Glushkovski, quien transformó el ballet clásico ruso.

Lamentablemente, el teatro sufrió un grave incendio que lo destruyó casi por completo y tres años más tarde el Bolshoi fue reconstruido. Desde entonces permanece como uno de los grandes exponentes de la arquitectura local.

Más allá de que hoy en la ciudad hay teatros de mayor capacidad, El Bolshoi es uno de esos mitos vivientes que no se miden en números de asientos sino a partir de su historia y de su legado cultural. Tal y como sucede con La Scala de Milán, la Ópera de Viena o el Teatro Colón de Buenos Aires, más allá de sus grandes espectáculos este recinto es un museo activo que deja entrever la opulencia del pasado y la importancia de la vida cultural de Moscú.

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