Cruzando de nuevo el Puente Carlos de Praga

Ya hemos hablado de las razones por las cuales el emperador Carlos IV mandó a construir el famoso Puente Carlos, quizá uno de los mayores referentes de la hermosa ciudad de Praga, junto al Castillo que da vida a la ciudad y otros lugares imperdibles como el Barrio Judío o la plaza central.

Contado este recorrido ahora nos ocuparemos de las características físicas de este puente que además es el hogar de bohemios y artistas, quienes se reúnen sobre él para mostrar sus trabajos y, casi sin saberlo, crear una de las postales más pintorescas de la ciudad.

Jan Ottl fue quien comenzó a diseñar el puente aunque el que concluyó la obra fue Petra Parler, quien también trabajó en otras importantes construcciones de Praga como la Capilla de San Wenceslao, la Catedral de San Vito y la torre del puente de la Ciudad Vieja). Para 1402 el puente estaba finalizado aunque por entonces no tenía nombre alguno y era conocido simplemente como el “Puente de piedra”, bautizo que mantuvo hasta 1870.

Con 516 metros de longitud, esta construcción tiene 10 metros de ancho y es sostenido por 16 arcos que soportan a las aguas del río Moldava. Más allá de la solidez de la obra si hay una razón por la cual se ha ganado fama mundial es por las treinta estatuas y esculturas que descansan en él. Las mismas fueron colocadas hacia el año 1700 aunque las que actualmente se pueden ver sobre el puente son réplicas pues las originales se conservan con recelo en el Lapidarium.

Durante mucho tiempo por el puente circuló el transporte, en especial desde 1870, fecha en el que se inició una ruta de transporte público luego reemplazada por el tranvía y los autobuses. Sin embargo entre 1965 y 1978 el puente se mantuvo cerrado para realizar trabajos de mantenimiento. Cuando reabrió se convirtió en un puente peatonal con al idea de preservarlo.

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