Zamosc, el encanto renacentista de Polonia

Zamosc

Hablando de ciudades, cabe considerar que al lado de los grandes iconos urbanos que atraen interminables riadas de turistas, permanecen en la semipenumbra pequeñas poblaciones que, sin llegar a la megalómana majestuosidad de las primeras, saben ofrecernos un discreto y humilde encanto. Así, detrás de cada París se esconde un Concarneau y previa a toda Roma nos espera una Spoleto. Así también, en el caso de Polonia, debemos decir que más allá de Varsovia está Zamosc.

En el sureste polaco, Voivodato de Lublin, cerca ya de Ucrania, se encuentra esta pequeña ciudad con una población semejante a la de Ávila. Surgida en la segunda mitad del XVI, ex nihilo, por obra y gracia del canciller Jan Zamoyski, los polacos han de agradecer el buen gusto del gobernante. El encargado del proyecto urbano fue el italiano Bernardo Morando, buen conocedor de la arquitectura de Padua, que de algún modo le sirvió de modelo.

La firma de Morando aparece asimismo detrás de las construcciones más importantes, entre los cuales el ayuntamiento, la colegiata o buena parte de los edificios nobles de la Plaza del Mercado Grande. ¡Qué tiempos en los que un arquitecto era a la par urbanista y se preocupaba no sólo por obras tan faraónicas como aisladas y extravagantes!

La Plaza del Mercado Grande es un cuadrado de unos 100 metros de lado. La estructura de la plaza es renacentista y las fachadas y los portales de los edificios allí presentes nos incitan a pensar en Italia. En la mitad sur se levanta, magnífico, el Ratusz, el Ayuntamiento. De paredes rosadas y con una elegante escalinata por la que se sube desde la plaza misma, lo más hermoso es su espectacular torre con reloj incluido.

En el lado norte hay varios palacetes dignos de reseña, uno de los cuales da cabida al museo municipal centrado en la historia, el arte y el folclore local. Por el costado del edificio del ayuntamiento se entraba ya en el barrio judío y un poco más adelante topamos con la antigua sinagoga. Zamosc tenía una destacadísima población de ascendencia hebreo. De hecho, cuando los nazis invadieron esta zona, entre un 50 y un 60 por ciento de los habitantes de la ciudad eran judíos.

Recomendamos vivamente un paseo por el Parc Miejski, cerca del cual está el palacio donde residía Zamoyski, obra también de Morando. Sin embargo nos llevaremos una decepción: hoy se trata de una construcción insípida e insignificante. Mejor será acabar este pequeño itinerario visitando la antigua Colegiata. Es sin duda, la obra maestra, al menos de arquitectura religiosa, de este buen tipo que debía ser Bernardo Morando.

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