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Una vuelta por Silesia

La de Polonia es la historia de un desgarro perpetuo en el que se ven involucradas las carnes de otros cuerpos. Partida y re-partida por austriacos, rusos y alemanes, al final Polonia acaso no pueda sino observar con ironía como los sucesivos Reich alemanes, monarquías austrohúngaros e imperios zaristas o soviéticos son barridos por los tiempos, mientras ella permanece gruesa y ancha.

Claro que el precio humano ha sido altísimo. Decía Hegel y luego Marx que el altar de la historia exige sacrificios en forma de miles de vidas anónimas. Pero no sé si a los polacos la filosofía les sirve de consuelo.

En fin que no estamos aquí para sentar cátedra ni teorizar pedantemente. Si Polonia ha sido hervidero de acontecimientos trágicos, qué no decir en particular de Silesia, en el sur de la actual Polonia. Ay, es que no podemos evitarlo. Malaventurados los pueblos ubicados en lugares de tránsito. ¿Por qué será que las gentes tienden a clavar la avaricia de su aguijón en un territorio mientras lo declaran suyo, suyo y solamente suyo? Siempre hubo otro antes que nosotros: esta certeza debería relativizar o al menos poner en solfa las burdas cuestiones de tradición territorial.

Pero decíamos de Silesia. Unas pinceladas, a grandes rasgos. La Silesia polaca se halla sobre la vertiente norte de los Sudetes. El río Oder la atraviesa y besa fluvialmente la ciudad más importante de la región: Wroclaw, por muchos conocida como Breslau. En el siglo XIX, bajo bandera prusiana, se desarrolló una veloz explotación de la hulla. Desde entonces, la zona ha sobrevivido a las catástrofes políticas gracias a un imperecedero auge económico.

¿Y qué no hay que perderse en Silesia? Bien, los montes Beskides suelen ser cita ineludible, al menos para el conocedor del terreno. Al pie de los montes está Bielsko-Biala, hoy ciudad fuertemente industrializada que conserva sitios de interés, como el castillo neoclásico, en el centro de la ciudad.

A orillas del río Olza, frente a la misma frontera checa, nos espera Cieszyn, villa bifronte y escindida que no llega a los 40 mil habitantes, antigua y hermosa. Para no perderse la Kosciol Dominikanow, de estilo gótico construida en el XIV, aunque reformada posteriormente ni la colina desde la que contemplar la ciudad.

Los pueblos-ciudades se suceden y todos tienen algo que mostrarnos: Jawor, Jelenia Gora, Klodzo…no muy lejos de estos nombres se escribió parte de la sangrienta historia de nuestros abuelos. En todo caso, todo itinerario silesiano habrá de conducirnos en un momento u otro hasta Wroclaw. ¡Preparad la cámara de fotos cuando paséis ante las casas góticas de Jas i Malgosia! (foto).