Polonia al natural

Parque Slowinski

Polonia, un país eminentemente llano desde el punto de vista de la geografía física y sin apenas formaciones montañosas con excepción de la parte suroeste, no por eso cae en la monotonía de los paisajes. Más allá de que una parte considerable del territorio esté ocupada por extensos bosques, Polonia cuenta con un número de espacios protegidos que supera la veintena.

El Bialowieski Park Narodowy se halla muy cerca de la frontera bielorrusa, en el noreste polaco. Allí nos encontraremos con uno de los bosques más antiguos de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (incluyendo la parte que pertenece a Bielorrusia). Se trata del Puszsza Bialowieska, coto de caza real ya en el siglo XVI, motivo por el que su conservación se mantuvo incólume hasta que guerras napoléonicas y mundiales causaron los primeros estragos importantes.

Este parque acoge especies de fauna tan vistosas como alces, lobos y linces además de representar el último bastión en estado salvaje para el bisonte europeo que transita entre Polonia y Bielorrusia como Pedro por su casa, puesto que a los animales en general parece no entrarles bien el concepto de frontera política. El parque cuenta asimismo con algunos de los árboles más egregios y nobles del continente, y sólo por ellos merece la pena darse una vuelta por el lugar, cámara en mano.

Otros dos interesantes espacios protegidos a orillas del Báltico, en la franja de Pomerania. El Slowinski Park Narodowy figura en la Lista de las Reservas de la Biosfera (UNESCO) y es uno de los mayores parques nacionales de Polonia. A causa de sus características dunas móviles, algunas de las cuales alcanzan alturas de 40 o 50 metros, se lo conoce como el Sahara polaco.

Subiendo por la línea de costa se arriba finalmente al Wolinski Park Narodowy, en las proximidades de Miedzyzdroje, un pueblo antaño dedicado a las faenas de la pesca y convertido hoy en cita ineludible para los amantes de los balnearios. El Parque Nacional presenta altos acantilados, colinas escarpadas y hermosos robledales, pero también una zona de agraciadas playas.

En definitiva, Polonia es un buen destino para quienes busquen algo más que escenarios urbanos dominados por ese furor de ruido automovilístico profanando los oídos, humo subiendo por las fosas nasales y prisas introyectadas sin saber cómo en el ánimo de los ciudadanos. Claro que a veces tanta paz, tanto silencio y tanta calma apenas nos dejan conciliar el sueño. Cosas veredes.

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