Cesky Krumlov, caballero de fina estampa

Cesky Krumlov

Si aquel santo varón, al que algunos en mala hora creyeron hijo de Dios, pudo afirmar con enorme sabiduría que no sólo de pan vive el hombre, también nosotros, ante un mapa de Centroeuropa, podríamos acaso aventurar que no sólo de Praga vive la República Checa.

La comparación nos viene al pelo, porque también habrá que reconocer que sin pan ni alimento alguno es imposible mantener nuestra perecedera condición. Los manjares del espíritu, engullidos a través de la filosofía o del arte, se apoyan sobre una base nada misteriosa de nutrientes. Al estómago a veces se lo engaña recordando el Cogito cartesiano o las ideas de Platón, pero llega un punto en que ni el mayor de los poeta puede hacerle un quiebro a los lamentos de sus tripas.

Pues eso ocurre asimismo con la República Checa: no es sólo Praga, pero sin Praga es difícil comprenderla. Praga pertenece al club de las ciudades mayestáticas, es uno de los ejes históricos de Europa. Reconocido lo cual, en nuestra humilde condición de apóstoles cuya fe quiere ser propagada más allá de los temas clásicos (y nadie dude que la capital checa es un temazo plus que clásico), preferimos salir por la tangente presentando otra de esas pequeñas y maravillosas ciudades que jalonan nuestro continente.

Recordad este nombre: Ceský Krumlov, un burgo enquistado sensualmente en un meandro del río Moldava (Vltata) como se observa desde el zámek («castillo», «palacio», «fortaleza»). El río Moldava también pasa por Praga, y hace años estaba fuertemente contaminado en muchos de sus tramos. Sabemos que se han intentado actuaciones importantes de recuperación, pero parece que la cosa lleva su tiempo.

Volviendo a Ceský Krumlov, se encuentra en el sureste, muy cerquita de Austria. Pasear por el centro, antiguo y nunca viejo, de este tipo de villas es siempre para nosotros motivo de la mayor felicidad. tanto da que estemos en la Dalmacia croata, o en una provincia de Polonia.

La plaza Snorvosti, espaciosa, ocupa el centro del casco histórico. En medio hay una columna de la Virgen (siglo XVIII), bien visible desde el renacentista edificio del ayuntamiento. A la plaza llegamos desde la calle Alta, admirando el sosiego indiferente de la arquitectura que nos sale al paso. La iglesia más reseñable del entorno es la de san Vito, edificio gótico construido sin embargo tardíamente, en el XV.

Si cruzamos el puente, a mano derecha daremos con el barrio de Latrán, lleno de interés, y a la izquierda, por fin, el castillo, conjunto amplio y soberbio que ha sufrido distintas remodelaciones a lo largo del tiempo. En una de sus esquinas, sobre las aguas del río, se alza majestuosa la Cervená brána, la torre roja, que domina el paisaje de la ciudad, sea cual sea el punto desde el cual la contemplemos. Bella y fina estampa, que cantaría María Dolores Pradera…

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