Olomouc en Moravia, señorial y talentosa

Olomouc

Finalizamos nuestro minitour por la República Checa. Si en la primera etapa nos recreábamos con la inocente y fina estampa de la pequeña pero coqueta Ceský Krumlov, en la Bohemia, ahora toca dirigirse hacia el este para descubrir Olomouc, la antigua Olmütz, en Moravia.

Para qué negarlo: nos gustan las ciudades del tamaño de Olomouc. Una localidad de cien mil habitantes, como es el caso, siempre acaba por coser un tejido compuesto, en el que la tela urbana se mezcla con el terciopelo de una naturaleza urbanizada. Pensemos por ejemplo en una Santiago de Compostela, de dimensiones similares.

Olomouc se halla bajo la influencia de dos ríos, el Morava y su afluente el Bystrice. Para las ciudades sin mar, es menester poseer un río. El río aporta una fuente de luz y una especie de higiene necesaria para el equilibrio de la psicología ciudadana. A veces nos sentimos agobiados y si la mirada en derredor sólo contempla una estepa que no acaba, una súbita sensación de claustrofobia nos da caza. El río es como un exutorio público y agradable, el psicoanalista que nos ofrece la naturaleza y que a mayores nos sale gratis.

Imaginaos entonces qué maravilla será el tener no uno, sino dos ríos, aunque no sean muy grandes. Por otra parte, Olomouc casi casi no los necesitaba. Su centro es amable y de natural aboca al mirar espacioso. Sus plazas son anchas como las espaldas de un Hércules. Invita a pasear con la cabeza erguida y sin temores: este rasgo es definitorio y definitivo para saber qué clase de ciudad nos encontramos.

Así la plaza del Ayuntamiento (Radnice), muy noble edificio con torre esbelta. En medio de la plaza, la Columna de la Trinidad, que permite el descanso en sus sagrados pies, flanqueada por dos fuentes o fontanas que parecen decir: hay vida para nosotras más allá de la romana Piazza Navona.

Olomouc

Porque Olomouc cuida especialmente estos detalles y en la vecina plaza Dolní hay otras dos magníficas fuentes, una con el airado Neptuno y la otra dando forma al padre de los dioses Júpiter, la primera realizada en 1695, la segunda en 1730.

Si en vez de bajar hasta esta segunda plaza tirásemos hacia el norte, llegaríamos a la iglesia de san Mauricio, que posee un órgano barroco del siglo XVIII. En el entorno del núcleo histórico hay en cualquier caso una serie de templos religiosos de muy buen ver en las que predomina el gótico. Aunque tal vez ninguna de ellas con la importancia de la catedral de san Wenceslao (Václav).

Próximo a la catedral, el palacio de los Premyslidas, cerca del río. En conjunto, una ciudad muy recomendable, que no tendrá que esforzarse demasiado para seducirnos. Apenas mostrarse como es ella: natural, señorial y agradecida.

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Categorias: Republica Checa



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