Patrimonios de la Unesco en Ucrania

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Se dice Ucrania y todavía, de forma inevitable, se recuerda aquel fatídico 26 de abril cuando se produjo el accidente en el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil. Las secuelas permanecerán largo tiempo como heridas abiertas que difícilmente se tornarán siquiera cicatrices.

Ciudades enteras, como la fantasmal Pripjat, mantendrán el recuerdo doloroso y la huella visible del trauma en los propios cuerpos de hombres y mujeres a través de las generaciones. Pero la vida sigue, y si los animales salvajes y una flora desbocada se han hecho dueños absolutos de las calles abandonadas de Pripjat, Ucrania mira hacia delante.

Al cabo, es ésta tierra de cosacos, pueblo que lleva en la sangre como un estigma la fiereza de los nómadas. Los nómadas, gente bárbara y temible a ojos de las culturas sedentarias, ya fuesen los de las llanuras orientales de Europa, ya quienes se desplazaban en camello por los duros desiertos de la península arábiga.

Pero no venimos aquí a evocar saludables modos de vida ni a hacer poesía. Ucrania tiene sus bellezas y sus lugares de interés, como toda región del planeta. Entre esos destinos recomendables suele ser infalible empezar por prestar atención a la lista de Patrimonio de la Humanidad que desde hace años redacta la Unesco. Al cabo, la burocrocia y los innumerables vicios de este tipo de organismos internacionales no oculta sus aciertos.

En Ucrania, tal honor lo merecen:

El centro de Lviv, la ciudad de León (Lev) y del león (como nos recuerda su bandera), Leópolis, en el occidente de Ucrania, no lejos ya de Polonia, capital en otro tiempo de Galiza, perdón, de Galitzia. El núcleo histórico de casas renacentistas y hermosos palacios se despliega a partir de la plaza Rynok, en uno de cuyos ángulos se encuentra la catedral católica, que se remonta a finales del XIV y que, junto con el Teatro de la Ópera es uno de los edificios emblemáticos de la ciudad.

En Kiev, Kyiv en ucraniano, habremos de mencionar la catedral de Santa Sofía y el complejo monástico de Pechersk-Lavra, o Monasterio de las Cuevas. La catedral se empezó a construir en el siglo XI, momento en el que Kiev vivió un gran empuje político y comercial. Tras su decaimiento, la catedral tuvo que esperar mejores épocas para ser varias veces restaurada. Su aspecto exterior actual se debe a las cosméticas de los XVII y XVIII.

El Monasterio de las Cuevas, en una colina próxima al río Dniéper, llena de árboles, es en verdad un conjunto de numerosas iglesias, también con monasterios, museos y, cómo no, las cuevas originales. En plena Edad Media llegaron los primeros ascetas para ocuparlas. Poco imaginaban aquellas gentes de sobrio vivir que con los años sus humildes moradas se convertirían en una pequeña ciudad espiritual.

Finalmente, los bosques antiguos de hayas, o los hayedos primarios, de los Cárpatos. Compartidos con Eslovaquia, engloban diferentes zonas que representan importantes reductos de bosques vírgenes en latitudes templadas. Las caducifolias dominan los espacios protegidos especialmente, claro, fabulosas y magníficas hayas.

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