Minitour por Bulgaria

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Si estamos en Belgrado siempre es una opción interesante arrimarse un poco más hacia el oriente y visitar Bulgaria. Lo es por varias razones: existe una cierta continuidad temperamental entre ambos pueblos que, el viajero atento, no pasará por alto. Incluso físicamente veremos que un búlgaro y un serbio se parecen más que un serbio y un croata de Dalmacia. Aunque la historia haga luego extraños compañeros de cama.

Una cosa: para salir de Belgrado, si nuestros nervios no son de acero (que diría el novelador con pocos recursos), mejor el autobús que el tren. Los trenes van en Serbia piano piano y, a lo peor, tenemos que parar una hora en la frontera…

Conectando, en nuestra ruta, Belgrado con Sofía, la capital búlgara, descubrimos nuevos alicientes. Ambas son ciudades parecidas. No se pueden comparar a la majestad de las capitales de Centroeuropa (Praga, Budapest), pero la conjunción de rudeza y desamparado nos cautivará.

Es un poco pesado que todas las ciudades modernas de Europa acaben teniendo unos centros que son réplicas idénticas, de tan limpios y ordenadas. Belgrado o Sofía, insobornablemente europeas, no por ello nos deniegan la oportunidad de rompernos la tibia o el peroné al meter un pie en alguno de los agujeros que jalonan sus aceras.

El impulso urbano de Sofía creció de manera exponencial a partir de 1878, cuando asumió la capitalidad en el momento en el que los turcos fueron expulsados de Bulgaria. A destacar las iglesias de San Jorge y de Santa Sofía, la Gran Mezquita y la mezquita de los Baños y la moderna (principios del XX) e impresionante catedral.

Desde Sofía cabe trazar una suave parábola invertida hasta el mar Negro. Entremedias, Koprivshtitza, el monasterio de Rila, Plovdiv, Nesebar y Varna, por citar sólo algunos puntos de interés. Koprivshtitza, a hora y media de la capital, es una auténtica ciudad (pueblo) museo, encantadora, y presume de ello con galantería.

¿Y qué decir acerca del monasterio de Rila? Ubicado en los montes homónimos a un centenar de kilómetros al sur de Sofía, en un paraje espectacular, es tal vez el más conocido de los Patrimonios de la Humanidad con que cuenta Bulgaria, excursión perfecta desde Sofia.

Plovdiv, la segunda ciudad de Bulgaria, ya existía cuando Filipo II, padre de Alejandro Magno, la refundó poniéndole su nombre. Situada, como la antigua Roma, sobre siete colinas a ambos lados del río Marica, está llena de monumentos históricos, como el Teatro Romano, sabiamente restaurado.

Nessebar, cerca de Burgas, ya en la ribera occidental del mar Negro, ha sido también incluida en la lista Unesco. Es hoy una pequeña localidad que rezuma historia por los cuatro costados. Villa que merece el epíteto de ciudad de los templos religiosos, por los abundantes vestigios de todas las épocas que se conservan, ocupa además una inmejorable posición desde la cual escalar la costa para llegar, finalmente, a la imperecedera Varna.

Varna, a pesar de ser hoy uno de los centros industriales más importantes de Bulgaria, es a su vez uno de los destinos turísticos búlgaros por excelencia.  Su dulce costa tiene en parte la culpa, con algunas de las mejores playas de la región. Pero también su historia: la Necrópolis descubierta en los alrededores de la ciudad nos remite a una cultura cinco milenios anterior al año 0. Alucinante.

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