Un paseo por Moscú

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Moscú es una ciudad apabullante que posibilita numerosos itinerarios, algunos de ellos muy diferenciados. Feísmo y majestuosidad conviven tanto en los escenarios micro como en el horizonte macro, aunque tales juicios estéticos no sean en el fondo más que una opinión personal.

Lo que está por ver, eso sí, es que el Moscú posmoderno de los nuevos ricos (algunos no lo son tanto…nuevos, queremos decir, ricos, sí) no acabe haciendo buena la etapa soviética (en el plano urbanístico…del resto, aquí, no nos posicionamos).

Los colosos del régimen comunista, por ejemplo, siguen en pie y su «granítica» fachada cada vez más nos recuerda una impasibilidad estoica casi admirable frente a las formas, dúctiles y plásticas sí, pero también nihilistas, de los ultimísimos rascacielos.

Et bien, de vez en cuando os traemos rutas temáticas. Os llevamos a un país o a una urbe entretejiendo paseos por museos, o por parques naturales, o incluso por monumentos dedicados a los poetas. Pero no en esta ocasión, que preferimos salirnos por la tangente de un diletantismo que, creemos, debe acompañar al buen viajero. El saber picotear un poco de todo y obviar así la monotonía: eso es lo que está en juego.

¿Por dónde empezar? Pues, ¿por qué no por los teatros? Moscú es ciudad teatrera. Poco importa que no comprendamos una palabra de ruso. Quien dice teatro, al menos en Moscú, dice ópera, representaciones musicales y, por supuesto, ballet. El Bolshoi, uno de los teatros más grandes de Europa, es el gran icono de todos ellos. Es tontería visitar Moscú y pasar de largo, por muy chuletas que nos pongamos.

Después, en nuestro primer cambio de tercio, podemos acercarnos hasta uno de los símbolos del nuevo Moscú: el Zhivopisny, puente colgante inaugurado hace un par de años, que traza, sobre el Moskva (como ya es costumbre, optamos por escribir el nombre del río en ruso), un gran arco superior de color rojo con mirador incluido. A lo peor padecemos mal de alturas, así que de nuevo vuelta al centro de la ciudad.

En el corazón mismo de Moscú está el jardín o los jardines de Alexander, que permiten un agradabilísimo esparcimiento. Se extienden desde la plaza de la Revolución a lo largo de las murallas occidentales del Kremlin. En el pasado atravesaba la zona un río que fue unido al Moskva, de manera que la fortaleza del Kremlin quedaba circundada enteramente por un foso de agua.

Finalizaremos este breve paseo, aprovechando que no están muy lejos, las galerías GUM, en el entorno de la plaza Roja. Las galerías son un enorme complejo comercial con aire distinguido. No hará falta, en cualquier caso, que compremos nada (algunos precios son prohibitivos), simplemente bastará con admirar el porte imperial del edificio.

Foto vía: michaelminn

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Categorias: Rusia



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