Quema de brujas en Praga

Fuego

A Praga, oscuro centro de hedonismo, ciudad húmeda y vampírica, alquimista, barroca, pero también sagrada, angelical, literaria, en suma, urbe llena de misterios y sorpresas, se le supone una agenda acorde con su prestigio.

Una agenda cultural de altos vuelos, refinada, exquisita, tal vez mórbida. Así es, en su mayoría. Y por eso mismo sorprende ese arrebato popular, labriego, campestre, piromágico, que sucede cada 30 de abril. Esa noche, las pobres brujas lo tienen crudo en tierras checas. Mejor dicho, lo tienen cocido, más aún, requetequemado.

Nos referimos a lo que llaman paleni carodejnic, la quema de brujas con la que la República Checa y en concreto Praga se sacuden los sombríos tiempos invernales mediante un importante ritual de purificación en el que las hogueras juegan un papel esencial.

Parece que en el fondo de la fiesta late todavía un fondo imborrable de paganismo precristiano. Las tribus germánicas encendían hogueras de transición a la nueva vida que representaba el verano. El fuego siempre ha sido un poder dual: purificador sí, pero en tanto que destructor de los malos espíritus.

El drama histórico aconteció cuando los poderes establecidos en contubernio con un cristianismo dogmático aprovecharon a su antojo las creencias tan hondamente arraigadas en la psique de las personas para quemar a mujeres y no precisamente de forma simbólica.

Cuando la locura terminó, los praguenses siguieron encendiendo hogueras en las colinas de la ciudad la víspera del 1 de mayo. Porque esa era la noche de grandes aquelarres en los que las brujas se descubrían para quién sabe si copular con Belcebú y porque a la magia había que responder con magia.

La celebración, en realidad, no era sino un avatar más de las más usuales fiestas solsticiales rebautizadas bajo la advocación de San Juan, mezclada acaso con ciertas dosis de Halloween, es decir, de Samaín. En las hogueras hoy no arden las pobres mujeres hermosas, adúlteras o simplemente objeto de rancia envidia, sino muñecos de trapo y paja.

Además, este ritual nocturno del 30 de abril se prolonga de forma sabia y natural ya con el alborear del nuevo día 1 de mayo. Día de los trabajadores, si, pero también y sobre todo, en Praga, primer día del mes del amor con el que se califica a mayo. De hecho, ese 1 de mayo las parejas deben darse un beso bajo un cerezo en flor si es que sueñan con la eternidad de su amor.

Claro que podía suceder que más que un amor eterno las parejas checas sueñen con un amor inagotable…mientras dure, como ya recomendaba por cierto nuestro amadísimo Vinicus de Moraes. Porque no lo dudéis, amigos: lo único que dura para siempre son las hipotecas. O no.

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