Maribor, ciudad del vino

Maribor

Maribor, ciudad del vino, fluvial, clima continental, mucho frío en invierno, calor en estas fechas de verano, es la segunda ciudad de Eslovenia por habitantes, al noroeste del país.

Maribor es hermosa pese a su parcial condición de ciudad industrial. Lo es por su casco histórico en el que se atisban ciertas influencias venecianas, lo es por las dulces riberas del río Drava, lo es por la juventud de sus gentes, lo es por el paisaje verde de bosques y colinas que la circunda, lo es por las numerosas bodegas que guardan el más preciado tesoro de la tierra: el vino.

La segunda ciudad por habitantes de Eslovenia, os decíamos. Pero eso representa apenas un censo de cien mil habitantes. Por lo tanto empezamos bien… si es que deseamos (¿quién no?) evitar las grandes polis ahora que el verano, azotando la ajada piel de toda la vieja Europa, parece calentar más donde mayor es la cantidad de asfalto.

Además está el Drava. ¡Cómo nos gustan las ciudades con río! Es cierto que, personalmente, no hay nada como el océano. Pero en nuestro continente las urbes fluviales, las fluviales de verdad, tienen algo mágico. El mar se disfruta cuando estamos en aldeas, pueblos o, a lo sumo, villas de algunos miles de habitantes.
Para las demás: río.

Maribor es joven, aunque tiene una larga historia. Es joven porque, ciudad universitaria, la universidad está en el centro. El modelo anglosajón impuso los campus apartados de los corazones urbanos. Eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre estos últimos, el mayo es sin duda que se impide que la rutina laboral, diaria, de las gentes se vea animada por el animado vivir de los universitarios.

La plaza Principal de Maribor, Glavni trg, es un amplio y geométrico espacio al norte del río. Antaño  plaza del mercado, en su centro se halla una de las más significativas columnas de la peste de toda Europa. Del siglo XVIII, está coronada por la Virgen a su vez rodeada por unos cuantos santos.

Detrás de la columna está el edificio del ayuntamiento. Levantado en 1565, es más que palpable la mano veneciana que lo diseñó. De uno de los extremos de esta magnífica y encantadora plaza sale, o llega, una transitada calle peatonal.

Por allí cerca está también uno de los símbolos de Maribor, el castillo que por cierto aparece en el escudo de la ciudad. El turista tampoco habrá de perderse la catedral de Juan Bautista, ni la catedral Stolnica. Ni mucho menos el barrio histórico, ribereño, de Lent, que da nombre a uno de los festivales más célebres de Maribor y que se celebra a comienzos del verano.

Y, en fin, la visita se prolongará ya por los márgenes de la ciudad, incluso por los alrededores y las colinas, hasta donde llegan las bodegas del mejor vino esloveno. Porque, acabamos como empezamos, Maribor es ciudad del vino. Y eso no significa, en general, más que cultura, ocio y un modo de vida basado en el mejor Anacreonte.

Foto vía: rotary1900

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