La verdad tras el mito de Drácula

Vlad Tepes

A pesar de que la mayoría de nosotros tenemos una imagen casi poética de los vampiros, gracias a la novela de Bram Stoker, y es rara la persona que no haya oído hablar de ellos (los chinos y los rusos tienen sus propias versiones), aun nos resulta desconocido el personaje que inspiró al mítico Conde Drácula. Stoker tomó una serie de mitos y leyendas populares (tanto de Rumanía como de otros lugares) y les añadió una visión bastante libre de un antiguo príncipe de Valaquia y héroe nacional (Vlad III Draculea) encarnando en él la misma esencia del mal. Curiosamente, aunque el Conde Drácula es a nuestros ojos un monstruo sediento de sangre, en comparación con las acciones del príncipe Vlad, es poco menos que un aficionado a las travesuras.

Vlad III nace en Sighisoara en el año 1428, y además del derecho al trono, hereda de su padre Vlad Dracul (Diablo) el apelativo de Draculea (Hijo del Diablo). Hay que aclarar que a su padre se le llamaba así por ser un hombre cruel, pero no por motivos religiosos o supersticiosos. Pasó su infancia siendo criado por los turcos, desde que fuera cedido a éstos por su padre, concretamente al sultán Murat II.

Desde una perspectiva histórica, Vlad III fue un héroe que consiguió frenar las invasiones de otomanos y húngaros. Vlad ascendió al trono en el año 1448, después de que su padre fuese asesinado por Iancu de Hunedoara, y pronto comenzó a mostrar su despiadado carácter cuando mandó empalar a un grupo de boyardos, a los que previamente había invitado a cenar. Después estrechó lazos con Iancu, el asesino de su padre, para juntos combatir a los otomanos.

Cuando los turcos consiguieron sublevar a Valaquia, el príncipe se exilió en Hungría pidiendo asilo al rey húngaro, que en lugar de ayudarle lo mandó encarcelar. Vlad pasó cerca de 12 años en prisión hasta que fue liberado en el año 1475, luego recuperó el trono que hasta entonces había estado en manos de su hermano Radu. Pero sus hazañas no continuaron durante mucho tiempo, ya que fue apresado y decapitado en una emboscada un año después de su liberación carcelaria. Irónicamente, el empalador terminó por adornar una pica en pleno centro de Estambul con su cabeza.

Pues bien, este complejo personaje, al que bien podemos clasificar como un psicópata, era temido como el mismo demonio por los turcos. Durante su vida fue responsable de sesgar cerca de 100.000 vidas, muchas mediante crueles torturas y haciendo gala de una obsesión con el empalamiento (en una ocasión fueron 24.000 empalamientos simultáneos). Por el contrario, se le tiene como uno de los más firmes defensores de la fe cristiana, y un héroe que consiguió frenas muchos intentos de invasión por parte de los turcos.

Conocido como «hijo del demonio» y «el empalador», Vlad III es uno de los personajes más terribles y complejos que ha dado la historia, aunque en absoluto tiene que ver con leyendas de seres sobrenaturales. Como se suele decir: la realidad supera a la ficción. Juzguen ustedes mismos.

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Categorias: Rumania



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