José II de Habsburgo y el despotismo ilustrado

Jose II Habsburgo

José II de Habsburgo fue el hijo y sucesor de Francisco I como emperador de Alemania, además de convertirse con corregente de los territorios austríacos por parte de su madre, María Teresa, quien se encargó de la regencia hasta su fallecimiento en el año 1780. Versado en la cultura e ideales propios de la Ilustración, José II fue uno de los mejores ejemplos de lo que se llamó el «despotismo ilustrado«, y trató de continuar con la tarea de centralizar el poder iniciada por su madre.

Una de los principales rasgos que definieron al periodo imperial de los Habsburgo fue la fundación del Estado Burocrático y de la Iglesia Nacional, lo cual devino en una serie de profundos cambios en la sociedad húngara, una de las cuales implicaba la obligatoriedad de uso del alemán como idioma oficial, una pérdida de poder por parte de los organismos locales de gobierno y la implantación de la capital imperial en la ciudad de Viena.

En su empeño por la unificación del poder, desarrolló el llamado «josefismo», que imponía un férreo control sobre la iglesia, a la que se pretendía aislar lo más posible de Roma, y también permitió la libre elección de creencias, pudiendo convivir todas las religiones en armonía.  Además de estas reformas, también se encargó de liberalizar el comercio, de abolir las corporaciones y favorecer las exportaciones, creando un periodo de bonanza económica en sus dominios. Una reforma que le hizo muy popular fue la abolición de la servidumbre en el año 1781 y la posterior prohibición de las torturas mediante su reforma judicial de 1787.

Pero no todo fueron alabanzas, ya que su forma unilateral de gobernar no agradó ni a los checos ni a los nobles de Hungría, quienes se rebelaron contra las reformas impuestas por José II, lo cual llevó a la abolición de estas medidas en el país húngaro. Algo similar ocurrió en los Países Bajos, pero además tuvo como resultado la creación de las Provincias Belgas Unidas, independizadas del poder austriaco y que debieron ser reconquistadas años después.

El reinado de José II no se caracterizó por sus buenas relaciones exteriores, y la mayoría de sus intentos de expansión o anexión de otros territorios (como Baviera o Venecia) en Europa terminaron en saco roto. Aunque participó en el conflicto entre rusos y turcos en 1788, tampoco pudo conquistar ningún punto de los Balcanes. Por suerte, sus reformas económicas e inversiones en el ejército prepararon a Austria para el conflicto con Francia que se desencadenaría tras su fallecimiento.

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Categorias: Hungría



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